1º Centro Santafecino de Preparación Multidisciplinaria para la Maternidad-Paternidad y Crianza

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TINKUNACO es un lugar de encuentro para madres y padres de los bebinos por venir, queda frente a un lapacho rosado, en calle Salta 2972 (oficina 8) de la ciudad de Santa Fe. TINKUNACO significa -encuentro en el amor- en quechua, la voz de nuestros antiguos. Quienes lo habitamos, (los parteros del futuro), celebramos gozosamente de la posibilidad de estar en contacto con la Creación misma, llevando un mensaje: la buena noticia de que otro parto es posible; y de que es posible también recibir a los nuestros -niños por nacer- con la reverencia, el amor y el respeto que se merecen. Integramos y coordinamos en Santa Fe la Red Latinoamericana y del Caribe por la Humanización del Parto y el Nacimiento "Para cambiar el mundo es preciso cambiar la forma de nacer." ( M.Odent)
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8 DE MAYO: DIA DE LA MUJER
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-¿Cuál es la misión de la mujer? -Enseñar al hombre a amar. Cuando aprendan, tendrán otra manera de comportarse con la mujer y con la madre tierra. Debemos ver nuestro cuerpo como sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado, esa es la manera de que sea dulce y nos llene de sentido. La vida llega a través de ese acto de amor. Si banalizas eso, ¿qué te queda? Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante la vida. Cuando la mente se une al corazón todo es posible Palabras de la sabia Abuela Margarita- Maya-
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LA FOTO DEL MES
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Cuando un niño arriba a este plano, el Universo se agiganta!
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Apurar a los pequeños no es educar
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Nota de diario LA NACION Ignacio tiene cuatro años y cursa el preescolar doble turno en un jardín de infantes privado de Buenos Aires. Durante la primera mitad del año, la ida al colegio se convirtió en una tortura familiar. El chico se resistió a entrar en el establecimiento cada mañana, y en medio del llanto le repetía a su madre: "El cole es muy largo; yo te extraño. No me gusta almorzar fuera de casa". El jardín al que asiste Ignacio comienza cada mañana a las 8.30 y termina a las 16.30. El chiquito, junto con sus 25 compañeros de clase, almuerza en el colegio con una vianda. Por la mañana tiene inglés y, por la tarde, castellano. Sus padres lo ven agotado. Pero les aconsejan: "Dale tiempo; ya se va a acostumbrar". Y sí. Los seres humanos nos acostumbramos a todo. Por suerte y por desgracia. Porque, ante la dificultad de adaptación de Ignacio, surge la inquietud: ¿es bueno que nuestros hijos se acostumbren desde tan chiquitos a ausentarse de sus casas por ocho o diez horas; que coman de un recipiente plástico en la escuela en lugar de almorzar con su madre o hermanos? ¿Es necesario que estén sentados durante horas haciendo "trabajitos" mientras que sus piernas y brazos en pleno desarrollo les piden correr y jugar?
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